Un pequeño reducto de espiritualidad y tradiciones ancestrales enclavado en un valle a más de 3.000 metros sobre el nivel del mar y rodeado de gigantes montañosos de más de 5.000 metros, en medio de la cordillera del Himalaya, donde sólo se puede entrar con un permiso especial. No tiene mala pinta, ¿no te parece? Si a esto le añadimos algún ingrediente más, como un mítico monasterio “colgado” en lo alto de una montaña, espectaculares dzongs, unos paisajes repletos de vírgenes y heterogéneos bosques y menos de un millón de habitantes, nos da como resultado Bután, un maravilloso lugar donde conectar con la naturaleza y con uno mismo.

El Índice de Felicidad Nacional Bruta

Este reducido territorio, encantador y curioso, es conocido como el país más feliz del mundo, debido principalmente a que en vez de utilizar indicadores económicos, como el PIB, para medir el bienestar de su población, usa el IFNB o Índice de Felicidad Nacional Bruta.

La medición de este concepto tan abstracto se basa en 9 criterios entre los que se encuentran la calidad de la salud y la educación, el bienestar psicológico, la cultura o la diversidad medioambiental, entre otros.

Situado entre la India y el Tíbet, este  pequeño país prohibió la entrada de turistas hasta 1974 y todavía hoy el acceso está muy restringido. Los viajes a Bután han de realizarse, obligatoriamente, a través de una agencia autorizada, y el coste diario está prefijado por las autoridades del lugar previamente.

Una visita a Bután transporta al viajero hacia una cultura milenaria, sin apenas influencias exteriores, que ha permanecido intacta a lo largo de los años, gracias en gran parte al proteccionismo ejercido por sus dirigentes.

Disfrutar de sus maravillosos paisajes y su diversidad natural, recorriendo senderos que discurren por pequeñas aldeas y tupidos bosques regados de monasterios, es una experiencia al alcance de muy pocos afortunados, que sin duda, merece la pena saborear, al menos una vez en la vida, si se tiene la oportunidad de viajar a Bután.

monjes en Bután, el país más feliz del mundo

Naturaleza virgen en estado puro. Trekking en Bután. 

La preocupación constante y casi obsesiva de las autoridades por la preservación del Medio Ambiente tiene como consecuencia principal unos escenarios naturales protegidos y muy cuidados, que convierten a Bután es un lugar excelente para practicar senderismo.

Por ley, Bután debe contar con al menos un 60 por ciento de área forestal, y actualmente disfruta de un diez por ciento más. Debido a esto es el país del mundo que menos contaminación tiene, ya que sus bosques absorben tres veces más dióxido de carbono del que produce.

Las diferentes rutas de Trekking discurren a través de estos numerosos y variados bosques, con más de 5.500 especies diferentes, donde el caminante podrá observar pinos, rododendros, robles, abetos, bambúes o enebros, entre otras muchas. Sin embargo, no son la única atracción natural que deja sin aliento al viajero que recorre cualquiera de sus senderos.

Las montañas más altas de Bután

Las vistas de colosales y majestuosas montañas, como Kula Kangri, con 7.553, la más alta de Bután; Gangkhar Puensum (7541); o Homolhari (7.320) y  Jichu Drake (6.900), cuyos picos siguen siendo vírgenes, son magníficas.

Bután cuenta con diversos sietemiles, y otros muchos picos de más de 5.000 metros, pero sus cimas no se pueden alcanzar por motivos religiosos. Los butaneses  creen que en las montañas es donde habitan los dioses, por lo que el gobierno prohíbe su ascensión. Como consecuencia de esto, encontramos maravillosas cumbres que nunca han sido escaladas.

Igualmente admirables son los pastos alpinos, los caudalosos ríos, los profundos acantilados, o los ruidosos y bellos saltos de agua, así como los numerosos pasos, todos ellos a más de 3.000 metros de altura.

También resulta sorprendente para el observador, la variada fauna que puebla la región, no en vano es una de las zonas con más biodiversidad del mundo. Durante los trekking es posible contemplar rebaños de ovejas azules o yaks. Más escurridizos son el takín, símbolo nacional, el leopardo de las nieves, el langur dorado, o alguno de los pandas que viven en la zona.

Las casi 800 especies de aves también llaman la atención del senderista y es posible dedicar alguna jornada a la observación de tan extenso repertorio.

Qué ver en Bután. Un viaje hacia la espiritualidad

A parte de las maravillas naturales que podemos encontrar en Bután, la perfección de los paisajes queda completada con la belleza de los monasterios y la autenticidad de los habitantes de las pequeñas aldeas que se extienden por todo el territorio.

La vida cotidiana está claramente marcada por la religión. En cualquier aldea, por pequeña que sea encontraremos costumbres, ritos y tradiciones que se han mantenido desde hace siglos intactas. Estas costumbres ancestrales todavía hoy dominan el día a día de los butaneses.

El 75 por ciento de la población del país es budista, que es además la religión oficial del Estado, que por otro lado defiende la libertad de elección de sus habitantes, en esta cuestión. El 22 por ciento es hinduista pero la mayoría de estos son los inmigrantes nepalíes, que llegaron al país a mediados del siglo XX.

Todas las provincias de Bután cuentan con su propia fortaleza, denominadas Dzong. Estas estructuras, divididas en dos partes, una dedicada a la religión, donde los monjes budistas habitan y otra a la administración, desde donde se organiza cada región, son realmente bellas, y forman parte de la riqueza del país.

capital de butan el pais más feliz del mundo

Thimpu, capital de Bután

Thimpu es la capital de Bután desde 1952 y actualmente cuenta con algo más de 200.000 habitantes, siendo la ciudad más grande del país. Sus cafés, restaurantes y tiendas ponen de manifiesto la lenta aunque inevitable apertura de la región al exterior. Aún así, al recorrer sus calles, podemos respirar la tradición y las costumbres ancestrales, en cada rincón.

Tashichho Dzong, es uno de los edificios más importantes de la ciudad. Es la actual sede del gobierno y tanto su exterior como su interior son espectaculares. Decorado con mandalas, esculturas y relieves simbólicos, esta antigua fortaleza, se construyó en el siglo XIII, pero después de sufrir varios incendios se reconstruyó en la década de los 60.

Otra visita obligatoria de la ciudad es la gigantesca estatua del Buddha Sordenma. De 51,5 metros de altura y chapada en oro, se erige en lo alto de una colina y descansa sobre una popular sala de meditación. Fue construida en 2015, para celebrar el 60 aniversario de Jigme Singye Wangchuck, el cuarto rey de Bután, y además de su imponente presencia cuenta en su interior con 125.000 budas.

el nido del tigre en el país más feliz del mundo

El Nido del Tigre

El monasterio Taktsang Palphug, más conocido como el Nido del Tigre, es posiblemente uno de los templos más espectaculares del mundo. No tanto por su belleza arquitectónica, sino sobre todo por su enclave. Casi suspendido en la precaria cornisa de un precipicio de más de 3.000 metros de profundidad y con la cima, siempre cubierta de nieve, del imponente Jomolhari (7.316 m), como telón de fondo.

El sobrenombre de este templo proviene de una ancestral leyenda. El protagonista el Gurú Rinpoché, también llamado Padmasambhava, el gran maestro indio que difundió las enseñanzas del Buda en el Tíbet. En el s. VIII, llegó volando a lomos de una tigresa y se detuvo a meditar en una cueva que existía donde ahora se ubica el monasterio. Permaneció allí durante tres años, tres meses, tres semanas, tres días y tres horas.

Para los butaneses la ascensión al santuario, al menos una vez en la vida, es de cumplimiento obligatorio. Para los turistas supone uno de los principales atractivos del viaje, pese a la dificultad de acceso. Sólo se puede llegar a él a caballo o a pie, pero el esfuerzo se ve, sin duda alguna, recompensado por las excepcionales vistas y por la espiritualidad, tranquilidad y paz que se respira en el templo.

tradiciones bhutanesas

Curiosidades de Bután, felicidad y tradiciones ancestrales

No solo es la belleza natural. La espiritualidad de sus santuarios y el carácter peculiar de sus habitantes, Bután llama la atención del visitante por diversos aspectos interesantes.

En un país donde la televisión se permitió, por primera vez, hace poco más de 20 años y el turismo hace menos de 50, no es extraño que se mantengan tradiciones y costumbres remotas, que provocan en el visitante, cuanto menos, cierta curiosidad, y que otorgan al viaje de un halo de misterio y exotismo.

La singularidad comienza según llegamos al país. El aeropuerto es muy pequeño y en él operan dos líneas locales. Se dice que sólo existen 8 pilotos certificados para aterrizar y despegar en su pista. Cada vez que algún avión lo hace se corta la carretera de acceso.

La llegada al país de la felicidad

El guía que da la bienvenida al turista, así como los empleados del aeropuerto van ataviados con la vestimenta típica del país. Tanto los funcionarios como los trabajadores de ciertos sectores están obligados a ello, lo que otorga a las ciudades de un característico colorido.

Otra peculiaridad la podremos observar en la mayoría de las ciudades y aldeas. Según la creencia popular, los falos alejan los malos espíritus. Por ello, no es extraño encontrarlos, dibujados o tallados en madera, en las fachadas de los edificios o encima de las ventanas y puertas.

El Índice de felicidad Nacional Bruta es otro de estos curiosos aspectos del país. El objetivo de esta extraordinaria medida es destinar los esfuerzos y recursos a conseguir un bienestar psicológico de la población, más que económico.

Por último, el tiro al arco es el deporte nacional, lo que resulta refrescante. Se organizan competiciones tanto a nivel local, como nacional, y su práctica es muy habitual entre toda la población, aunque bien es cierto, que durante los últimos años se ha ido popularizando  cada vez más el fútbol.

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