Joan y Ari se fueron de viaje al Sudeste Asiático en Diciembre 2019. Viaje a la antigua, de verdad. Sin prisas. Sin fechas. Sin soporte. Un viaje espectacular, hasta que, por culpa del maldito virus y el caos que se ha originado en los últimos meses, tuvieron que cancelar sus planes y volver a casa. Suena fácil en principio, pero es más complicado de lo que parece. Vuelos cancelados. Espacios aéreos cerrados. Aerolíneas que se lavan las manos. Políticos que no ayudan. Sin ningún soporte más allá de familia y amigos. Es una más de las miles de historias de repatriaciones que hemos vivido en los últimos tiempos. Joan nos cuenta su historia de primera mano, con lo bueno y con lo malo. Disfruta su relato (ESTE ES EL TERCER CAPÍTULO DE: https://malamalama.es/repatriaciones-sudeste-asiatico-cap1/)

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Día 22.

Con tanta tensión, cada día dormíamos menos y ¡menos mal! Me levanté, cogí el móvil y vi un mail de la aerolínea del vuelo que nos ofrecía la embajada. Desperté a Ari y lo leímos. Teníamos plaza en el avión! Fantástico! Abrimos el enlace y estaba en un idioma que nos pareció ruso. No nos fiábamos (solo nos faltaba quenos soplaran también el dinero que habían juntado nuestros amigos) así que llamamos al Consulado, donde nos confirmaron que todo era correcto y que los vuelos al final costarían 1000€ por persona, pero que el vuelo ya no sería a Barcelona sino a Alicante. El cambio de destino nos resultaba ya indiferente y aunque que ya no nos íbamos a creer nada hasta estar en casa, los compramos!

Día 23:

Siguiendo con la misma dinámica, intentamos reclamar, seguimos con el confinamiento en Bali y vivimos pendientes de que nada diera al traste con el nuevo vuelo.

Día 24:

Si hasta el momento madrugábamos, imagínate el nuevo día. Queríamos estar los primeros en el aeropuerto, y casi, casi, así fue. Llegamos al aeropuerto de Denpasar y estaba todo cerrado. Todo. Parecía que lo hubieran abierto para nosotros. Todos los vuelos que aparecían en pantalla salían cancelados, a excepción del nuestro. Nuestro vuelo, en vez de poner el nombre de la compañía que lo operaba, ponía “no name”. Seguía sin inspirar seguridad. Siguiendo las indicaciones que nos habían pasado desde la Embajada y Consulado, fuimos al punto de encuentro que nos habían indicado, para encontrarnos con los responsables y representantes de Embajada y Consulado y los demás viajeros. Una vez todos allí, exceptuando 6 (que no pudieron ser puntuales ni aquel día), fuimos en orden a los mostradores, los únicos que estaban abiertos, y nos pusimos en una larga cola detrás de los lituanos, que tenían prioridad y embarcarían antes que nosotros. Yo me preocupé de ser el primero con pasaporte español en ser atendido. Y cuando nos llegó el turno, sorpresa de nuevo. El personal que nos atendía en el mostrador no era de la aerolínea, sino personal del mismo aeropuerto. Los ordenadores no funcionaban y, para colmo, nos decían que no les constaba que nuestro vuelo fuera a Alicante! Discusiones de nuevo. Finalmente se aclaró, eso sí, después de llamar incluso al capitán del avión. Por fin, tarjetas de embarque en mano, maletas facturadas y esperando delante de la puerta de embarque!

EL VUELO

Me gustaría decir que todo fue genial y sin problemas, y al fin conseguimos llegar sin más, y c’est fini, pero no, no fue así. Aquí empezó el último capítulo de nuestra aventura de regreso a casa. Al principio todo parecía normal, aunque nos pareció un avión muy pequeño para un vuelo tan largo, pero como no somos entendidos en el tema, estábamos felices de estar en el avión y con eso nos conformábamos. Mientras la tripulación hacía los preparativos para despegar, el capitán, micro en mano, nos sacó de dudas. Explicó que, efectivamente, el avión era pequeño y teníamos que parar a repostar en Tailandia, India, Rusia y Lituania, donde desembarcarían los lituanos y seguiríamos hasta Alicante, nuestro destino. Como digo, a nosotros ya poco nos importaba mientras llegáramos a casa. Lo que nunca me hubiera imaginado es la poca capacidad decontención que tiene alguna gente o lo pequeña que tienen la vejiga. Hubo hasta momentos de bastante tensión entre pasajeros ya que algunos no eran capaces de esperar en su asiento para ir al servicio, y se levantaban, ignorando la normativa de seguridad, y a la tripulación, y se colocaban en la parte final del avión amontonándose en una cola sin dejar espacio de trabajo a la tripulación. Recuerdo un momento en que pensé: no nos pillará el virus, pero no salimos vivos de este avión. ¡Qué triste! Con lo que ha costado coger el maldito vuelo…

LLEGAMOS A TAILANDIA

Paramos en Tailandia 1 hr. para repostar. En la India, no se muy bien dónde. Creo que en un campo de vacas, porque el avión se lleno de mosquitos y nos empezaron a picar a todos repetidamente. Aquí ya pensé: seguimos sumando factores! Ahora si no es el coronavirus, pillaremos dengue o malaria! Vamos de mal en peor! Pero por suerte o desgracia, podía entretener la mente matando mosquitos, aunque las manos me quedaran llenas de sangre de vete tu a saber quien y sin poder limpiármelas porque los 2 servicios estaban ocupados por los incontinentes.

“Ya no puede pasarnos nada más!” (Por qué no me callé…) Imagino que no pensé que en Rusia podíamos pararen otro campo, esta vez nevado y que dejarían la puerta abierta para cargar provisiones del avión. Muy bien,estábamos llenos de picaduras y ahora también helados! Pero seguimos, que nos vamos a casa!

Llegamos a Lituania!!! En un par de horas, desembarcaron los lituanos, embarcaron españoles que se encontraban en Lituania, repostamos combustible e íbamos a despegar cuando… el avión se avería. Si, en serio. 6 horas más parados en Lituania, sin poder bajar del avión, hasta que vino otro a por nosotros. Nos trasladaron de un avión a otro con el personal del aeropuerto equipados como en Chernóbil. Mepareció genial a la vez que sabía que cuando llegáramos a Alicante no tendría nada que ver, lo más mínimo.

POR FIN EN CASA!

Pues nada, al final sí que llegamos a Alicante. Y allí, en el aeropuerto, cero controles, CERO!!! Por supuesto, nadie nos recibió, nada coordinado para el montón de gente que llegábamos en el avión. Habíamos pensado que, después de 31 horas encerrados todos juntos dentro del avión, por lo menos nos habrían hecho algún confinamiento a todos juntos, o algo. Pero no fue el caso.

El caso fue que llegamos, pero no teníamos como ir del aeropuerto de Alicante a casa, Figueres, al norte de Catalunya. Al llegar con tanto retraso, no teníamos ningún tren para llegar. Solo hasta Barcelona y de madrugada. La combinación de transporte malísima. Así que decidimos alquilar un coche. Llevando toda la documentación y nuestra historia creíamos que serviría para que nos dejaran llegar a casa, pero no hizo falta. De Alicante a Barcelona en coche sin controles. Nadie nos pidió nada, ninguna explicación. De Barcelona a Figueres, AVE y más de lo mismo. Ningún control de nada. Y al fin en casa, en cuarentena por voluntad propia, pues aquí ninguna autoridad se ha interesado, ya no por cómo estábamos nosotros sino, por lo que entiendo más preocupante, por si estábamos contagiados y podíamos propagar el virus. Por suerte, ha pasado el tiempo y no hemos tenido ningún síntoma de nada. Ahora solo nos queda intentar recuperar nuestro dinero y empezar a pensar en próximas aventuras!