Joan y Ari se fueron de viaje al Sudeste Asiático en Diciembre 2019. Viaje a la antigua, de verdad. Sin prisas. Sin fechas. Sin soporte. Un viaje espectacular, hasta que, por culpa del maldito virus y el caos que se ha originado en los últimos meses, tuvieron que cancelar sus planes y volver a casa. Suena fácil en principio, pero es más complicado de lo que parece. Vuelos cancelados. Espacios aéreos cerrados. Aerolíneas que se lavan las manos. Políticos que no ayudan. Sin ningún soporte más allá de familia y amigos. Es una más de las miles de historias de repatriaciones que hemos vivido en los últimos tiempos. Joan nos cuenta su historia de primera mano, con lo bueno y con lo malo. Disfruta su relato

PLANTEAMIENTO

Mi nombre es Joan, @mono_joan en las redes, tengo 32 años y soy de Barcelona. Amante de los viajes, lanaturaleza, el deporte… Soy instructor de deportes outdoor, speaker y soñador. Y desde hace unas semanas vivo, como todos, una pesadilla bautizada con el nombre de COVID-19 en la que jamás había pensado ni por un segundo. Una pesadilla que me pilló a medio viaje por el Sudeste Asiático con mi pareja @ariblanquez (podéis ver más sobre este viaje y otros en nuestro Instagram @mono_and_mona). Pese a que todo el mundo está viviendo esta pesadilla y cada uno vivimos una realidad distinta, voy a contaros nuestra aventura, humilde y modesta, y que no tiene nada de relevante, pero una aventura al fin y al cabo. Esta es mi historia de amor con el virus, las compañías aéreas, consulados y embajadas… y sobre todo una historia que me ha unido más a mi pareja, a mi familia y a mis amigos

NUESTRO PROYECTO FRUSTRADO

Llevábamos más de 4 meses viajando e improvisando nuestro viaje, dejándonos fluir. Recorrimos Tailandia, Malasia, Myanmar, viviendo nuestro sueño, por el que habíamos estado mucho tiempo trabajando y ahorrando, al que finalmente nos habíamos atrevido y decidido a empezar. Nuestra odisea empezó a los pocos días de llegar a Indonesia. Ya sabíamos de la existencia del maldito virus hacía días. Cómo no saber de él con tantos memes que veíamos a diario, no? Pero no era por los memes por lo que más lo conocíamos nosotros, sino porque en todos los países por los que viajábamos empezaron a tomar medidas rápidamente, mucho más serias y más rápidamente que en el España. Mientras desde casa nos llegaban memes e información de que no era más que una gripe (que ahora todos sabemos que era más que falso, pero que entonces nos lo creíamos todos), en cualquier sitio que íbamos, nos encontrábamos con controles de temperatura. Por supuesto en todos los aeropuertos, pero además en estaciones de tren y autobuses, a la entrada de los bancos, en cualquier punto de la carretera, en definitiva, en cualquier sitio. También, en todos los lugares públicos, encontrábamos a nuestra disposición gel desinfectante con el que limpiarse las manos debidamente. Y en lugares muy concurridos, como atracciones turísticas o pasos fronterizos, nos regalaban mascarillas. Sí! Sí! REGALADAS! Y por supuesto, por todas partes, paneles informativos con los protocolos de actuación ante esta situación.

Siendo así, nos sentíamos muy seguros. Muchísimo, la verdad. Mientras seguíamos con nuestro viaje, creíamos saber lo que teníamos que hacer, pues nadie nos decía ni nos recomendaba otra cosa: ir con mascarilla en lugares concurridos, incrementar nuestra higiene, lavarnos las manos cuantas más veces mejor, mantener las distancias con la gente… Además, al no estar en casa, mantenernos muy informados, cuidarnos más que nunca y mantenernos sanos; tener a mano (nunca mejor dicho) desinfectante siempre y cualquier medida que se nos pudiera ocurrir como viajeros responsables.

LLEGAMOS A INDONESIA

Entramos en Indonesia el día 9 de Marzo desde Myanmar con la FREEVISA como turistas por un mes y, al ser obligatorio tener un vuelo de salida del país, compramos uno para el día 6 de Abril con destino a las Filipinas. Si para cuando llegamos a Bali parecía que el virus estaba focalizado en China e Italia y no teníamos motivo de preocupación, en un par de días cambiaría todo. Las cifras de contagios en España seguían el mal camino de Italia y le ponían a la delantera de los países más afectados. El resto del mundo tampoco se salva y en todos los países incrementa desmesuradamente el número de casos. Aún así, parecía que en Bali, donde nos encontrábamos, no había riesgo y que, en general, en el Sudeste Asiático habían sabido actuar con tiempo para levantar su muro de contención contra el virus y controlar la situación. Seguíamos seguros pero ya no confiados. Así que cada día, mientras desayunamos nos informábamos de las noticias, sobre todo y detenidamente, de las de Catalunya, por ser nuestra casa, las de España y de las relativas en Indonesia, para estar al corriente de cualquier cambio en la situación y saber sobre su evolución

LEE EL CAPÍTULO SEGUNDO