Joan y Ari se fueron de viaje al Sudeste Asiático en Diciembre 2019. Viaje a la antigua, de verdad. Sin prisas. Sin fechas. Sin soporte. Un viaje espectacular, hasta que, por culpa del maldito virus y el caos que se ha originado en los últimos meses, tuvieron que cancelar sus planes y volver a casa. Suena fácil en principio, pero es más complicado de lo que parece. Vuelos cancelados. Espacios aéreos cerrados. Aerolíneas que se lavan las manos. Políticos que no ayudan. Sin ningún soporte más allá de familia y amigos. Es una más de las miles de historias de repatriaciones que hemos vivido en los últimos tiempos. Joan nos cuenta su historia de primera mano, con lo bueno y con lo malo. Disfruta su relato (ESTE ES EL SEGUNDO CAPÍTULO DE: https://malamalama.es/repatriaciones-sudeste-asiatico-cap1/)

NUDO

En cuestión de horas la cosa fue de mal en peor. Digo horas porque ya estábamos conectados durante todo el día, jugando con la diferencia horaria de 6 horas entre Europa y el Sudeste Asiático, para estar informados. Surgió un nuevo e importante brote en Filipinas, supuestamente, nuestro siguiente destino. Se concentraba en Manila y rápidamente se cerró la ciudad y se confinó a la población. En principio no nos debía afectar demasiado, pues nosotros volábamos a Cebú, pero con esta información teníamos claro que las demás islas seguirían el mismo camino. Decidimos cambiar de plan y no ir a Filipinas, y no nos equivocamos. Intentamos contactar con AirAsia, compañía a la que habíamos comprado los vuelos, pero no respondieron por ningún medio. Aún así, no quisimos desesperarnos, pues aún teníamos dinero ahorrado y nos centramos en lo más importante: regresar a casa. Conforme fueron pasando las horas seguían llegando más malas noticias.

SE DECLARA LA PANDEMIA

Todos los gobiernos se iban viendo obligados a tomar medidas y el coronavirus ascendió a un nuevo rango: pandemia mundial. Llegaban más malas noticias, más recomendaciones, más fake news y más contradicciones. Si al principio nadie decía nada, ahora todos empezaban a recomendar que los viajeros volvieran a sus países de origen. Hablando con nuestra familia y amigos nos decían entonces que valoráramos quedarnos, que posiblemente estábamos más seguros en Bali que en España, donde crecía exponencialmente el número de casos. La incertidumbre se empezó a apoderar de nosotros. ¿Qué iba a ser lo más correcto? Por una parte, viajar servía para propagar el virus y lógicamente no queríamos contribuir a empeorar la situación, así que quizás fuera mejor quedarnos quietos, ya no era cuestión solamente de lo más seguro para nosotros. Por otra parte,viendo la evolución de la situación, cada vez era más claro que el virus también llegaría a Bali.

Conforme fueron pasando las horas y los días, ya no estábamos haciendo turismo, ni disfrutando del viaje. Por eso, decidimos seguir las recomendaciones oficiales y volver a casa. Con el corazón encogido, por tener que interrumpir nuestra aventura, pero sin remordimiento, sabiendo que hacíamos lo correcto. Así empezó un nuevo capítulo de nuestra aventura: encontrar vuelo de vuelta a casa en un momento en el que todas las informaciones eran cambiantes, confusas y poco fiables.

Contactamos con la Embajada Española en Jakarta y el Consulado Honorario en Bali. Muy amables pero, francamente, muy poco resolutivos. Nos pasaron un cuestionario para españoles que nos encontrábamos en la misma situación y, a parte de eso, poco más que mantenernos en contacto con ellos vía WhatsApp y Twitter. Sus recomendaciones se centraron en que hablásemos con las compañías aéreas y, lógicamente, que regresáramos en cuanto pudiéramos, sin más; pero no acertaban a decirnos nada más que eso, ni asesorarnos, ni guiarnos: NADA!

EMPEZAMOS A BUSCAR VUELOS

Google en mano, buscamos vuelos, SkyScanner, eDreams, etc. Para el mismo día y los dos días siguientes, carísimos: 2.000 €/persona los más económicos. Encontramos vuelos para el 19 de Marzo, en eDreams, Bali – Barcelona a unos 750 €/persona, con seguro de conexión de vuelos (intención inútil de cubrirnos las espaldas). Eran los vuelos más próximos y asequibles que nos podíamos permitir. Volábamos desde Bali hasta Singapur con AirAsia, y de Singapur a Londres y finalmente Barcelona, con British Airways. Conscientes de la situación, con rumores de aeropuertos y fronteras cerradas y personas atrapadas (por ejemplo, en Filipinas) contactamos con la Embajada de Singapur. Nos indicaron que podríamos realizar la escala sin problema si no teníamos síntomas. Perfecto. También contactamos con las aerolíneas. Seguían operando. Genial.

Compramos los vuelos y respiramos, y mientras respirábamos y esperábamos la llegada del día del regreso acasa, nos preguntamos qué podíamos hacer. Decidimos alejarnos de multitudes y confinarnos hasta el día devolar a casa. Cada día nos tomábamos la temperatura un par de veces y, al no tener mucho más que hacer,seguíamos la evolución de la situación y manteníamos el contacto con embajada y consulado, ya bastantetranquilos por haber tomado una decisión prudente y responsable. El día antes volar hicimos el consabido check-in, asegurándonos de que el vuelo seguía activo. Todo parecía Ok. OK

PRIMER INTENTO

Llegado el día, cogimos un taxi privado para el aeropuerto (2hrs.). Aunque fuera más caro, preferíamos evitar transportes públicos o compartidos por el inevitable contacto con mucha gente. La situación en Bali parecía bastante estable. Por lo que sabíamos, solo habían cerrado las escuelas. Mientras nosotros habíamos tomado nuestra decisión, la playa seguía estando llena de turistas creyéndose ajenos e inmunes a este gran problema. Los comercios seguían trabajando plenamente, pues esta población ha superado ya terremotos, volcanes, tsunamis, hambrunas… y, aunque conscientes del problema, aprovechan, pues gran parte de la economía está basada en el turismo. Teníamos un larguísimo viaje por delante y los aeropuertos son núcleos de propagación, así que preguntamos a nuestro conductor si podíamos parar en una farmacia para comprar mascarillas, guantes y gel. Había que tomar todas las medidas posibles para protegernos, no llevar el virus con nosotros y evitar contagiar a nadie al llegar a casa.

Aunque el vuelo salía a las 17h, muy prudentes, llegamos por la mañana al aeropuerto. Pasamos el control de temperatura sin problema y nos dirigimos al mostrador de AirAsia para facturar nuestro equipaje. Después de un buen rato de cola, llega nuestro turno y… oh, sorpresa! No nos dejaron embarcar aduciendo que AirAsia operaba en Singapur en una terminal distinta a la de British Airways, y como teníamos que coger las maletas y volverlas a facturar, no nos estaba permitido el tránsito. Sorprendentemente (😉) no nos dieron ninguna solución más allá de: “recorred los mostradores de las otras compañías y buscad (y comprad de nuevo) otros vuelos de otra compañía que opere en la misma terminal que B.A.”.

Intentando no perder el siguiente vuelo que teníamos (y más dinero), nos recorrimos todo el aeropuerto en busca de la susodicha compañía mientras llamábamos a eDreams, AirAsia, el consulado y a cualquiera que se nos venía a la cabeza, aunque no esperábamos solución. Suerte que fuimos sobrados de tiempo! Aun así, misión fallida. Todo lleno o vuelos cancelados. Intentamos enviar las bolsas del equipaje a Barcelona, pero también sin éxito.

En un último intento desesperado volvimos al mostrador de AirAsia. Volvimos a hacer la cola pertinente y les rogamos que nos permitieran el embarque dejando las maletas en Bali si era necesario. Que no nos importaba y que lo que queríamos era poder volver y no perder todos los vuelos que habíamos comprado. Ni aun así! Nos explicaron que la noche antes habían incrementado las restricciones fronterizas en Singapur y que no dejan entrar al país a nadie que no tuviera pasaporte de allí. Que al cambiar de terminal y pasar obligatoriamente porinmigración, no se entendía como una escala, sino como una entrada al país. Más desesperados aún, les pedimos que nos dejasen volar y que una vez en Singapur ya lo arreglaríamos. Ni por esas conseguimos NADA.

DESESPERACIÓN

El cabreo iba en aumento, no solo por no poder volar, también por la impotencia de no saber qué hacer, darte cuenta de que, aun intentando hacerlo bien, nadie te ayuda, con la sensación de que te toman el pelo: “Juntos lo superaremos”. ¿Juntos? ¿Quiénes?! Sin embargo, seguimos buscando soluciones en el aeropuerto, ya que estábamos allí, mientras intentábamos contactar con quien fuera vía teléfono, Twitter, email, etc. Pero nada de nada. De oca a oca y tiro por que me toca. Acabamos perdiendo todos los vuelos y volvimos a la casilla de salida. Volvimos a buscar vuelos, ahora los precios a dos días vista estaban a 4000€ y 5000€. Nos salía más acuenta quedarnos un año en Bali. No podíamos hacer ya mucho más en el aeropuerto, solo nos quedaba ir a las oficinas de AirAsia e intentar tramitar una reclamación. 2 reclamaciones, de hecho, pues también teníamos los vuelos a Filipinas para Abril. Para los que acabábamos de perder, nos ofrecieron o bien cambiarnos el vuelo (un vuelo sin sentido pues solo operan en Asia y no nos llevaban a ningún otro sitio dónde arreglar nada), o bien Big Member Points, puntos para volar con ellos con caducidad de un año. Como si supiéramos que en un año íbamos a poder viajar! Obviamente, no aceptamos nada de esto. Pidiendo más explicaciones todo fue echar pelotas fuera. Preguntamos porqué no nos habían avisado y nos dijeron que la responsabilidad era de eDreams, pero eDreams sin responder. Pasamos a los vuelos de Filipinas y aún más problemas. Como faltaban muchos días para este vuelo y aún no estaba cancelado, ni Cebú cerrado, no nos daban más opción que esperar. En el pulso de las aerolíneas y los gobiernos, claro está que mandan las compañías, que deben tener más poder que los propios gobiernos. Nos marchamos con las manos vacías pasadas las 12h de la noche, buscamos un alojamiento cerca del aeropuerto y pensamos que la mañana siguiente sería otro día y que había que consultar con la almohada.

MÁS LLAMADAS

Mañana siguiente de la pesadilla. Otra vez pegados al teléfono. Más temprano aún, pues queríamos madrugar por si alguien nos había respondido y teníamos forma de volver a casa. Y si, British Airways nos respondió un tweet y nos contesto por privado en Twitter. Parecía que podíamos coger un vuelo para el día 23, pagando más claro! Nos ofrecían un vuelo de Bali a Hong Kong con otra compañía y luego Hong Kong-Londres-Barcelona con ellos como estaba previsto. No nos pareció mal, pues en ese momento queríamos irnos YA. El día anterior habíamos conocido mucha gente de todo el mundo en el aeropuerto con situaciones parecidas. También conocimos españoles que nos añadieron a un grupo de Whatsapp: “Españoles atrapados en Bali”. Marca de la casa total, el grupo nunca funcionó. La intención era buena pero la gente lo convirtió en un gallinero más que en algo útil, además haciendo correr información sin verificar que no hacía más que agravar la situación. Tanto fue así que los administradores tuvieron que crear otro grupo para pasar la información oficial, gracias! También llegamos a estar en otro grupo: “Nos quedamos en Bali”. En este había gente que quería gestionarse su estancia en la isla, pero se convirtió otro gallinero donde se hablaba más de cómo evitar el confinamiento e ir a tomar birras que de buscar soluciones.

Con todo este panorama, sabíamos que cada día la situación sería más difícil. Así que confirmamos nuestro interés a British, pero pedimos que nos dieran más detalles y nos confirmaran y aseguraran que el avión iba a salir y no íbamos a tener problemas. Y en ese momento nos dejaron de contestar. Así, sin más. Ahora pensamos que no querían dejarlo por escrito y lo más fácil era dejar de contestarnos, pero entonces creíamos que estarían trabajando a marchas forzadas y que igual tardaban en contestarnos. Así que a día 20 buscamos otro sitio para estar hasta el 23 y mientras, seguir presionando, a British sobretodo, para coger el avión que nos habían propuesto, y a eDreams y AirAsia para recuperar nuestro dinero.

CADA VEZ MENOS OPCIONES

Pasó otro día en Bali sin solución. El Consulado y la Embajada aún sabían menos que nosotros sobre cualquier cosa. Y no sería hasta la mañana siguiente, la del 21, que British nos respondiera. El vuelo del 23 ya no estaba disponible y ahora nos ofrecían otro para el 24, aunque se repitió la jugada: de nuevo a media conversación, bomba de humo.

Ya bastante cansados de discutir, quejarnos y hacer reclamaciones, empezamos a replantearnos la idea de quedarnos. Mientras recapacitábamos, nos contactó la Conselleria catalana d’exteriors. Por un momento un rayo de esperanza, muy corto eso si; nos dieron ánimos pero ninguna solución, de hecho solo nos robaron tiempo.

En ese momento nuestras opciones serían:

1.- Comprar de nuevo otros vuelos sin ninguna garantía. Lógicamente ya no nos atrevíamos a tirar otros 1500€ o más sin ninguna seguridad.

2.- Rezar y esperar que los de British realmente nos reubicasen. Íbamos a darles unas horas hasta la mañana siguiente, manteniendo la fe y la esperanza.

3.- Quedarnos en la isla e ir buscando un lugar para vivir el tiempo que hiciera falta. No nos desagradaba la idea realmente, pero cuando analizábamos la situación de estar en un sitio desconocido, con menos sanidad, menos recursos, sin saber de cuánto tiempo se trataba, del inevitable aumento de contagios, etc., no nos parecía demasiado halagüeño y sí nada responsable. Aún así, igualmente pensamos en ser previsores y contactar con la gente que habíamos conocido en Bali esos días por si acaso.

Pasamos el día pegados al teléfono y de repente se abrió una nueva ventana. La Embajada de España en Indonesia colgó un tweet (en resumen): “Vuelo Bali – Lituania – Barcelona, día 24 de Abril. 1300€ por persona a los 100 primeros. Prioridad nacionalidad lituana, luego familias españolas y enfermos. Interesados rellenar el formulario”. Ya flipábamos! No sabíamos si se trataba de una broma incluso, pero hablamos con el cónsul y supimos que era cierto. Se añadía una nueva opción que, a decir verdad, no contemplábamos demasiado pues en un principio no nos podíamos permitir 2600€ más en vuelos. Pero allí estaba la opción 4:

4.- Coger el vuelo que ofrecía la embajada. Aunque no lo teníamos nada claro, de hecho, por el momento solo te decían que rellenaras un formulario, pero no que tuvieras plaza; y nosotros no éramos una familia, ni estábamos enfermos. No tendríamos la confirmación hasta la mañana siguiente.

Se acercaba la noche y llamamos a familia y amigos para contarles la situación y compartir todo lo que pensábamos, pues teníamos ya la cabeza deshecha y necesitábamos saber otras opiniones. Fue colgar el teléfono con los colegas, y en media hora nos volvieron a llamar. En nada tendríamos el dinero ingresado para comprar los vuelos. Moríamos de amor y nos sentíamos las personas más afortunadas. Nuestros amigos habían hablado entre ellos, se lo habían montado para juntar la pasta y, por lo rápido que fueron, se ve que no tuvieron ninguna duda en rescatarnos. Mil gracias! Lo recordaré siempre, me fui a dormir pensando: “no sé si conseguiremos volver pero tengo los mejores amigos del mundo”.

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